A nadie escapa que la incidencia de cesáreas, al menos en el subsector privado ha escalado a niveles importantes. Las causas asociadas a este aumento van desde las recomendaciones perinatales que sugieren que la cesárea es preferible al parto vaginal en el caso de las primigestas con feto pretérmino o de término en presentación podálica (Base Cochrane), hasta el temor a los litigios de mala práctica.
Por otra parte, es una realidad que en la mayoría de los centros hospitalarios públicos y privados, los nuevos residentes de tocoginecología ya no cuentan con la presencia rutinaria de obstetras clínicos capaces de guiar y de conducir un trabajo de parto y terminarlo por la vía baja cuando sea posible, aún en casos de presentaciones anómalas. Los cuadros intermedios enseñan a los más jóvenes la operación cesárea más frecuentemente que las terminaciones vaginales en embarazos de riesgo o de trabajos de parto disfuncionales. Así, los más jóvenes adquieren más experiencia sobre la vía operatoria y terminan con mejor capacitación para realizarla.
En la práctica, parece un mejor recurso permitir la cesárea que otras modalidades de terminación, para las que la mayoría de las nuevas generaciones de obstetras no están adiestrados para llevar a cabo exitosamente. Las nuevas generaciones de neonatólogos tienen algo que ver en el asunto, ya que frente al riesgo perinatal suele recomendar y acordar con sus colegas de obstericia la cesárea en función de un menor riesgo perinatal, no del todo bien comprobado todavía.
En este estado de cosas se suma la presión inoportuna de los abogados "cazarecompensas" que siempre están proclives a iniciar litigios donde realmente no los hay; esta presión indebida favorece la actitud intervencionista a rajatablas antes que el pensamiento crítico y razonable. Las dudas planteadas por la monitorización electrónica cuando registra patrones "anormales" de la frecuencia cardíaca fetal es otro agregado que predispone a todos a la interrupción operatoria de la gesta. Aunque las causas sean multifactoriales, el resultado no cambia sustancialmente: la frecuencia de cesáreas sigue aumentando. ¿Habrá llegado el momento de una revisión más crítica de estas conductas?
El debate está abierto, pero las soluciones no están claramente a la vista. Tal vez se necesite un esfuerzo colaborativo y de conjunto para arribar a una solución aceptable a todas las partes involucradas, incluyendo el pequeño (pero creciente) número de madres y/o parejas que solicitan la cesárea en forma electiva, sea por experiencias desfavorables anteriores o por la creencia que dicha operación evita los dolores y molestias propias del trabajo de parto. |